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Este repositorio tiene el objetivo de concentrar, de manera ordenada y sistemática, los resultados de la documentación en campo de
materiales orales en todas las lenguas habladas en México: no sólo el español y las lenguas que hablan los pueblos indígenas, sino también una serie abundante de
lenguas que se hablan en el mismo territorio como resultado de distintas migraciones. Su propósito es permitir la consulta de esos materiales no sólo a especialistas
de diversas disciplinas, sino también a las distintas comunidades en las que se documentaron.
El archivo de materiales sonoros, videográficos y textuales al que se puede acceder desde esta plataforma electrónica se ha construido colectivamente.
Reúne el trabajo de muchos documentadores que, por diversos motivos, se han encargado en distintos momentos de la historia de registrar las narraciones,
los cantos, los gestos y la memoria hablada de las personas en México. Pero también es una construcción colectiva porque sin todas esas voces y todas esas
personas este material no existiría.
Fragmentos aleatorios de Actos Comunicativos
Jorge Luis Morelia Murguía
LAURA: Listo.
VÍCTOR: Pues buenas noches, este, Jorge.
JORGE: Buenas noches.
VÍCTOR: Em, vamos a empezar con, con los datos así, formales, cuál es tu nombre completo.
JORGE: Mi nombre es Jorge Luis Morales Murguía.
VÍCTOR: ¿Eres de aquí de Morelia?
JORGE: No, pero ya tengo mucho tiempo residiendo aquí.
VÍCTOR: ¿Cuántos años?
JORGE: ¿Cuántos tengo?
VÍCTOR: ¿Como cuántos años residiendo aquí?
JORGE: ¿Llevo aquí? Bueno, llegué aquí como unos treinta y tres años, más o menos [mjm], y estuve aquí como doce años, y me fui, y regresé hace seis años otra vez.
VÍCTOR: Seis años. ¿Y cuántos años tienes?
JORGE: Cincuenta y tres.
VÍCTOR: Cincuenta y tres años. Eh, ¿desde cuándo te dedicas a tocar el saxofón?
JORGE: Bueno, al saxofón nada más vengo aquí una, en la tarde, ya casi en las noches, pero en el día, este, soy, soy carpintero.
VÍCTOR: ¿A sí? ¿Por dónde tienes tu taller?
JORGE: En la casa, vivo en [risas], vivo en, este, en Amalia Solórzano, en la avenida Amalia Solórzano.
del acto comunicativo: Margarita Reinoso Campos y Jesús Alejo Bautista
Rodrigo Veira Cardoso
RODRIGO: Sí, hasta ahorita sí. Y hay otra historia de, le decimos el señor de las semillas, ese huésped ya tenía…fue como en el 90 más o menos, que él iba hacía Pátzcuaro en el tiempo del Día de Muertos y él falleció en la carretera, y él estaba hospedado en una habitación, y comía muchas semillas y a una compañera una vez le salieron semillas en esa habitación y estaba limpia.
GLORIA: ¡Ayyy! ¿y ella cómo que sintió? ¿ella sabía de esa historia?
Rodrigo: Sí, o sea esa historia es la más conocida de aquí de los compañeros ‘El señor de las semillas’ y pues si se espantó y ella fuimos a verla y si había unas semillas, de esas como de calabaza [wow] normalmente aquí por los edificios que ya tienen años espantan, pero aquí les digo que era la plaza de toros, la primera plaza de toros.
GLORIA: ¿Hace cómo cuánto?
RODRIGO: Ayyy, cuando era Valladolid, me imagino [ah ya]
Ana Zarina Palafox Méndez
MIRSA: Y, bueno ¿por qué cree que [ambulancia], por qué crees que se dio esta, eh, proliferación de talleres en, en la Ciudad de México que permitió, pus, el, el avance de las mujeres?
ANA: A ver, la proliferación de talleres también viene de los 70’s y de, del “pueblo unido y venceremos”, ¿no?, eh. Y los talleres, eh, también, siempre ha habido talleres de muchas cosas, pero los talleres de música folclórica los hacían, sobre todo, Los Folkloristas26 que empezaron a, a dar talleres. Tres de ellos Héctor Sánchez, Adrián Nieto, Pepe Ávila a formar alumnos, alumnas, sobre todo alumnos.
Y después, bueno, Quecho daba talleres de música en la escuela de Amalia, claro, nada más tiene alumnos hombres, hasta que entró una alumna mujer: Isabel Cano, bailarina de folclore, maestra de danza folclórica, eh. Pero también es importante en los 90’s, ahorita no me acuerdo si es 1996, que se, que hace el Programa del Desarrollo Cultural de la Huasteca. Ya había habido talleres del son jarocho por, por, por el sotavento y hasta la frontera norte, de hecho creo que empezaron por la frontera norte, de parte de la Secretaría de Educación de Culturas Populares. Pero digamos que en lo huasteco es más o menos paralelo que Quecho da los talleres aquí en México. No sé si había talleres de forma personal con los maestros de, de otros lados o si hayan tenido alumnos con el modelo de aprendiz, y ya, pero sí sé que en 96 que empieza el Programa de Desarrollo la Huasteca intencionalmente apoyan, talleres les pagan a los maestros, en la región, no nada más en chilangolandia. Y hay otra cosa importante, este, intencionalmente empiezan a nombrar —lo que no nombras no existe—: “Talleres para niñas y niños”, ¿no? Ahí también hay una anécdota bonita en Hidalgo, en la Sierra de Yahualica, los hermanos Hugo y Alfredo Rodríguez Arenas. En, ya, ya de avanzados los 2000’s, a mí me llamó la atención, yo estaba levantando memoria en video de un encuentro, también hago eso, este, y las, me llamó la atención que la mesa redonda que se trataba de formación decían:
—No, es que en nuestros talleres los niños y las niñas…
Yo calladita en la cámara, ¿no? Al rato pasaba la ronda, y al otro hermano:
—Es que las niñas y los niños que llegan a nuestros talleres…
Yo apenas y me podía callar, ¿no? Ya, hay un receso y voy detrás de ellos, y les digo:
—Oigan, por qué, o sea, no es normal. ¿Estarán de acuerdo de que la huasteca se nombre a las niñas?
—¿Qué no te acuerdas de nosotros, Zarina? Somos los hermanos de Rodríguez Arena, del trío Alborada huasteca.
—¡Ah, ya!
Eran gente que caía en el Balcón, ¿no?, de Yahualica. Vivían en Pachuca, hicieron su trío, precioso, además, precioso. Sí eran una alborada total, así: con ojos claros ellos y con guayaberas color satín. Así me vino la imagen de inmediato que:
—¡Claro!
—Sí, bueno no te acuerdas que cuando tú hiciste tu trío de mujeres, en el Balcón huasteco, este, fueron al, a un encuentro en Tulancingo, Hidalgo, en el 94. Y nosotros las vimos ahí. Te veíamos ahí con el Quecho en el Balcón, pero a las tres juntas las vimos ahí. Y sí lo comentamos entre nosotros: ¡Caray, pos sí, sí suena bien! O sea, suena a huapango. No tendrían porqué no tocar las mujeres. Y por eso empezamos a enseñar a las niñas también, a convocarlas, especialmente— ¿no?
Entonces, bueno, fuera del, del, de la cosa de ego de esto que sí me lo apapacharon, y mucho, ¿no?, o sea, sí lloré ese día. También creo que hay un fenómeno de no solamente los talleres. ¿Qué me dio permiso a mí de pensar que podía ser música? Que vi tres mujeres músicas cuando yo era niña. ¿Qué les hizo pensar a los Rodríguez Arenas que tenían que nombrar a las niñas? Que vieron una mujer música tocando con el Quecho y la huapanguera, y que luego vieron al trío de mujeres músicas, ¿no? Entonces, creo que, creo que es una cuestión fractal, ¿no? Por cada mujer que se dedique a esto, que no dediquemos a esto, quién sabe cuántas niñas hay que dicen: “¡Ah, mira! Sí puedo”, ¿no? Si, si sólo fueran sombrerudos, botudos, bigotudos, este, muchas niñas no tienen la intención. Ahora, también de constreñimiento social tengo anécdotas tristes: una mujer de la costa de Guerrero, que es hija de un músico así legendario de una familia… Si tú hablas de música de la costa, dices los Gallardo, y son una familiota ¿no? Y papá Gallardo les enseñó los hijos Gallardo, y una de las hijas Gallardo me contó que le dijo a su papá:
—Papá, yo también quiero aprender.
Se le quedó viendo como si fuera transparente, se volteó, o sea, ni siquiera se dignó contestarle. Entonces, en esa siguiente generación, que son contemporáneos míos, los músicos y a ella le daban chance de ir de bailadora, cuando iba bien cuidada y cuando había mucha lana de por medio, y cuando no seguramente no querían, pus, portarse bien, mal los, los hombres, ¿no? Entonces, en esa cuestión, pus es fractal de un constreñimiento social, pero nos vamos dando las manos las unas a las otras y ya cada niña que esté creciendo ahorita no le puedes decir que las mujeres no tocan, ya somos muchas. A mí no me podías decir que no tocaban porque vi tres y ellas, las que yo voy a tocar, tenían cada una un privilegio especial que le permitió, este, no creérsela: Marisa Echeverría era hija de una dramaturga, ¿no?, una familia sin roles de género donde la mamá era un personaje muy importante en la dramaturgia mexicana, y entonces claro que no tuvo ningún impedimento, ¿no? Pero es eso, o sea, es una cadenita de fenómenos, primero, que seguramente, construyeron a partir de que las dejaron en casa y no las trajeron a, a grabar y a hacer películas, ¿no? Y luego la otra proliferación de que, pos sí pero si yo a los nueve años andaba hablando en tele con Saldaña de la liberación femenina, pus fue teniendo un impacto poquito a poquito también en el son, ¿no?
del acto comunicativo: Amadeo Cárdenas
Amadeo Cárdenas
Berenice Araceli Granados Vázquez
Gregorio Campos (padre)
Berenice: Bueno, pues, muchas gracias, por contarnos otra vez.
Gregorio: Ahora si quieren ir aquí en el cerro [ajá] también dicen que hay un laguito, así un, una lagunita [ajá], pero es hasta allá arriba [mjm] que un señor, pues, aquí donde se llama Rancho de Santiago, orita ya es un ranchito [ajá], él era uno salo, namás, pero que, andaba buscando un animal. Y, pues, que fue buscando el animal.
Gregorio hijo: Yo áhi los dejo, yo voy para allá arriba, [ya] áhi con permiso.
Berenice: Bueno, nos vemos, hasta luego.
Gregorio: Y que allí le encontró al señor:
--¿Tú qué anda haciendo?
--Ando buscando el animal, se me perdió.
--Pus vamos, si quieres yo te avi, yo te enseño donde hay muchos animales, a ver si lo encuentras allí.
Y que hay pues una piedra allí, y que le dijo:
--Cierra los ojos.
Los cerró así, y que ya vio un camino bien bonito.
--Ven, pásate conmigo, camínale, vámonos.
Ya caminó y que entonces ya pasó ahí.
--Ah, que le dijo, lo vas a torear al toro y lo vas a torear al perro y a una muchacha, te va a querer mucho, te va, este, se va reír mucho conti… este, reir de ti y si lo quieres, uste, entonces ella te va llevar, pero si, si quieres salir otra vez aquí, no lo vas a querer. Y al toro lo vas a torear así.
Y que así, pues, como le dijo él, todo lo hizo así, todo: lo toreó al toro, nomás se lo llevó así, el toro se pasó, y que al perro también, al perro también que le dijo:
--Escúpialo.
del acto comunicativo: "La música nos encuentra"
Jorge Luis Morelia Murguía
VÍCTOR: ¿Y la música en ese, en esa búsqueda de, del, del, de una nueva sociedad, qué papel juega para ti en...?
JORGE: ¡Híjole, mano! Mira, para empezar así de, de sencillito, yo creo que la música le gusta hasta a los animales. Y yo creo que la, la música, el que hace música tiene espiritualidad. Porque, porque la música te, a parte de los sonidos, a parte de la tranquilidad, a parte de la calma que te da, todo eso que te nutre para ti, también es algo que tú estás dando. Una gente que, que interprete una melodía, no es lo mismo que tú la escuches por decir en un disco a que la escuches en vivo, porque hay equivocaciones, porque aumentan más una parte, porque lo reduces más otra, la cuestión es que transmitas el sentimiento, ¿no? Que transmitas lo que, lo que tú llevas y pues que, que toques un poquito a la gente, yo creo que esa es la, la función del artista.

