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Este repositorio tiene el objetivo de concentrar, de manera ordenada y sistemática, los resultados de la documentación en campo de
materiales orales en todas las lenguas habladas en México: no sólo el español y las lenguas que hablan los pueblos indígenas, sino también una serie abundante de
lenguas que se hablan en el mismo territorio como resultado de distintas migraciones. Su propósito es permitir la consulta de esos materiales no sólo a especialistas
de diversas disciplinas, sino también a las distintas comunidades en las que se documentaron.
El archivo de materiales sonoros, videográficos y textuales al que se puede acceder desde esta plataforma electrónica se ha construido colectivamente.
Reúne el trabajo de muchos documentadores que, por diversos motivos, se han encargado en distintos momentos de la historia de registrar las narraciones,
los cantos, los gestos y la memoria hablada de las personas en México. Pero también es una construcción colectiva porque sin todas esas voces y todas esas
personas este material no existiría.
Fragmentos aleatorios de Actos Comunicativos
del acto comunicativo: Entrevista a María Amalia Nolasco Vargas
María Amalia Nolasco Vargas
Amalia: A mí me gusta ir a vender, mm, varias partes, pues, pero no nos invitan. Ya hace como tres años fuimos allí en, allí en, este, San Miguel de Allende, y sí me gustó [ríe] cuando fui. Namás que mi esposo se, se accidentó y ya, orita pues ya no puedo salir porque ando cuidando pues ya a él. Se le quebró la columna [ay] y, este, y mis hijas, pues, este [ríe], no quieren cuidar.
Adela: Pero ya puede caminar, ¿verdad?
Amalia: Sí, ya puede.
Adela: Ya está mejor.
Amalia: Sí, [poco a poco] pero a veces se cae [ríe] [tss]. [A veces se cae].
Adela: Despacito tiene que ir [sí, mjm].
Rubén Villalobos Cortés
Ora como cuándo, antes si había mucho que cuando llovía se forjaban en el cielo muchas, como huracanes pues, que eran culebras [mjm], les nombraban aquí culebras los de más antes. Se venían a veces aquí, tomaban agua aquí en la laguna y se veía como un remolino, tipo de remolino que iba dando vueltas para subir la agua [ah]. Y, este, y llegaron, antes, aquí por la orilla de la via donde vive este, todos estos de aquí del campo [mjm], todos los que estan pegados a la via, esos no existían todos esas calles y allí, allí hacían adobes y cuando llovió y que esa culebra dejó caer toda la agua [mjm] pues se inundó todo eso y cuando bajó el agua ahí en los agujeros onde hacían los adobes allí había pescado [ah, ahí se les había quedado]. Si, es que todo lo que agarraba la culebra y daba así remolineando todo se llevaba [tan fuerte]. Y, y, este, encontraba uno pescado ahí [mmm] de todo lo que se llevaba [fíjese]. Si, pues todo eso. Antes si pasaban muchas cosas. Casí lo más cada año, cada año había, había, este, de esos que le nombraban culebras, casí cada año, cada año [mjm] y ahorita ya es muy raro que se forje una [pues si], orita ya no y antes si, lo más lo más.
Daniel ¿Y cómo le hacía para que, a que se borraran?
Rubén. Es que lo que hacían era que, este, por decir mi abuelita y mi mamá sacaban un niño de esos chiquititillos y le daban un cuchillo a que le hiciera una cruz [ajá] y ya así ya, este, con eso se desaparecía, era lo que hacían ellas.
Rubén: Si, o tiraban, ete, una palma bendita para el lado donde, donde estaba la culebra o, o a veces aventaban el cuchillo así y sal [mjm] para que se cortara. Era lo que hacían todos los de más antes [fíjese] ¿Cómo ves?
del acto comunicativo: Entrevista con Manuel Bautista Medina
Manuel Bautista Medina
Adriana Patricia Hernández Hernández
Adriana: Y en una ocasión, pus estas vacaciones que pasaron, fue algo bien chistoso. Yo ya tenía días viniendo, y entonces la ventana de aquel lado de la cocina pus prácticamente se abre solamente cuando hay mucho calor o, o para lim… limpiar algo que, de… hay que limpiar. Y entonces, casualmente, volteo y la ventana estaba abierta. Como que ba… se bajó el seguro, no sé. Fue algo muy chistoso [mjm], pero no, no, no supe más qué pasó ahí [ríe] [ajá] [sí, claro]. Sí, pero pues digo, namas eso es lo que les puedo platicar de esta casa [mjm].
VÍCTOR: ¿Y todos son de aquí?
NOELIA: Bueno, yo de Torreón, Coahuila, pero tengo trece años viviendo aquí.
TONATHIU: Yo del Distrito Federal, pero tengo, catorce años tengo aquí.
VÍCTOR: ¿Y qué planes tienen, van a seguir aquí en Morelia, quieren viajar?
DANIELA: Ahorita estamos trabajando con nuestro padrino de ballet, que es [inaudible], él es guineano, y tiene diez años viviendo en México, ha venido varias veces a dar talleres aquí a Morelia y, próximamente, esperamos que venga con mucha energía para que este proyecto continúe, como un espectáculo, pues, más en grande, ¿no?, de danza y de música africana.
VÍCTOR: ¿Han grabado discos?
GEMA: No, todavía no hemos grabado nuestro disco. Traemos algunos, pero son de maestros africanos.
NOELIA: Los compartimos a la gente para difundirlos.
del acto comunicativo: [¡Ese señor tiene patas de pollo!]
Ramón Cabrera Hernández
Itzel Cecilia Uriostegui Mercado
Contaban los abuelitos de que cada año en Navidad, justo antes de la media noche, se oía el sonido de una campana, una campana que sonaba muy muy fino su tono. Pues pasaron los días y llega el momento en que la población se reunió y un día fueron a escarbar al lugar. Es un terreno conocido como El Cube. Al escarbar ya una profundidad, encontraron la campana, una campana muy grande de oro en donde lo ataron con algunas cuerdas, pero cuando ellos estaban a punto de alcanzarla, esta campana se hundía cada vez más y pue’ llegaron a la conclusión de que no era cosa buena, sino que era del Diablo, la casa del Diablo. Pues la dejaron en su lugar la campana. Pasaron los días y pasaron los meses. Con el tiempo construyeron una escuela que aún existe a la fecha, una escuela de piedra, totalmente de piedra, pero material que fue extraído del lugar donde escarbaron para sustraer la campana. Terminaron la escuela, con el tiempo pus realizaban los bailes en dicho lugar. En alguna ocasión decía los abuelos que estaba pus el baile en plenitud y vieron bailando una persona pues desconocida para el pueblo. Y en eso, pues alguien gritó ‹‹¡ese señor tiene patas de pollo!››. Justo cuando la persona escuchó sale corriendo del lugar, pero echando chispas y fuego. La multitud grita muy espantada, aterrorizada por el hecho de ese instante. Todos corrieron a sus lugares de origen, a sus viviendas y al paso de los días se reúne la gente nuevamente. Llegaron a la conclusión de que era el mismo Diablo que los seguía en cada evento que hacían en la comunidad. Y pues se reunieron y fueron al mismo lugar, pero a cubrir la campana con la tierra y con la piedra que ellos habían extraído de ese lugar. Y así fue como cómo el mismo Diablo dejó de perseguirlos.

