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Este repositorio tiene el objetivo de concentrar, de manera ordenada y sistemática, los resultados de la documentación en campo de
materiales orales en todas las lenguas habladas en México: no sólo el español y las lenguas que hablan los pueblos indígenas, sino también una serie abundante de
lenguas que se hablan en el mismo territorio como resultado de distintas migraciones. Su propósito es permitir la consulta de esos materiales no sólo a especialistas
de diversas disciplinas, sino también a las distintas comunidades en las que se documentaron.
El archivo de materiales sonoros, videográficos y textuales al que se puede acceder desde esta plataforma electrónica se ha construido colectivamente.
Reúne el trabajo de muchos documentadores que, por diversos motivos, se han encargado en distintos momentos de la historia de registrar las narraciones,
los cantos, los gestos y la memoria hablada de las personas en México. Pero también es una construcción colectiva porque sin todas esas voces y todas esas
personas este material no existiría.
Fragmentos aleatorios de Actos Comunicativos
Angelina Hernández Flores
Daniel Estrada Hernández
DANIEL: Le digo que este trabajo viene para hacer una narración de la, del rancho, de cómo fue fundado, de, o sea, de cómo era antes, de cómo viene siendo…
ANGELINA: Ahora.
DANIEL: Ahora, que cosas han cambiado, cuá… cuáles cosas se han perdido y todo lo que le ha pasado a usted, ¿no? Primero quisiera saber cómo se llama, cuál es su nombre.
ANGELINA: Angelina Hernández Flores.
DANIEL: ¿Cuántos años tiene?
ANGELINA: Me chiveas, eh [risa]. Cincuenta y dos.
del acto comunicativo: Entrevista a Juan Manuel Mendoza Arroyo
Juan Manuel Mendoza Arroyo
Juan Manuel: Y me llama la atención porque usaban, este, instrumentos de adivinación. Este, mi abuelo tenía, de hecho, me las dejó, yo las tengo, unas varas españolas, unas varas españolas que son un instrumento de adivinación, que son dos varas que tienes que ponertelas en la palma de la mano. Y es un instrumento de equilibrio muy complicado porque yo intenté ponerlas y se me caían, o sea, es tiene que ser un equilibrio muy, tienes que tener muy buen pulso y mantenerlas, este, unidas por las horquillas. Y prácticamente toda la vara está afuera de tu mano, solamente tienes las puntas en la mano. Entonces ellos preguntaban a las varas cosas y las varas les apuntaban, les decían y todo eso. Algo así como la, la llamada vara de mercurio, la varita esa que busca el agua en algunos lugares, ¿no?
Entonces esas historias ya las comencé a rescatar y a documentar, este, y ya me empezaron a interesar. Pero las historias de mis tíos abuelos que ya murieron y todo, se perdieron porque no, este, las escuchaba, pero no les ponía los, tal vez la suficiente atención. Este, pero me di cuenta que eran historias que tenían un cierto anclaje en ciertas tradiciones [mjm], porque esas varas que usaba mi abuelo, pues he encontrado documentos que hablan de ellas, uy, del año 1200 en España, por ejemplo.
del acto comunicativo: "Si pasó algo, fue bueno y fue para ayudar"
Francisco Manuel Gozálvez Tenorio
FRANCISCO: Bueno, yo soy Fran, vengo, vengo de España y yo estoy colaborando ahorita con el LANMO. Vengo aquí, pues, como parte de una investigación. Eh, mi trabajo, mi oficio es contar historias, eh, pero claro, no es lo mismo contar una historia personal que contar una historia como narrador que se dedica a contar historias, y, y a mí me parecía que lo que se hace aquí tiene que ver con eso también, ¿no?, con historias en primera persona. Entonces, más que un cuento de los que suelo contar como narrador, os quería contar algo que sí que sucedió, eh, cuando yo era pequeño.
Yo tendría aproximadamente seis años, vivía en Alicante, un, una ciudad de, de España, y a mi padre lo habían operado de, de la espalda, una operación bastante gruesa, y desde que lo operaron, pues casi no se había podido bañar en el hospital, era, pues, lo tenían que limpiar con las toallitas, y acababa de llegar a casa. Y recuerdo que mi madre, pues, lo acompañó, era el primer baño que se daba, y, y lo acompañó para que fuera con cuidado porque apenas tenía movilidad. Y estábamos en casa también, mi hermana y yo. Mi hermana tenía un esguince en la pierna, iba vendada, y yo que estaba muy chiquito.
Y, y, bueno, de pronto, mi madre estaba en el baño con mi padre, y empezamos a escuchar que le había pasado algo, no sabíamos el qué, pero que le había pasado algo. Fuimos para allá y mi padre se había desmayado, y mi madre lo tenía, eh, pues, agarrado en los brazos. Mi padre es, es grueso además, así que pesaba bastante. Mi madre tenía que hacer mucha fuerza y mi hermana y yo no sabíamos qué hacer, nos asustamos muchísimo y salimos corriendo, eh, yo a llamar por teléfono a, a unos compañeros de mi padre que trabajaban abajo, y mi hermana, corriendo como podía con la pierna, a avisar a los vecinos que vivían en la planta de abajo.
El caso es que llegó un momento que dejamos de escuchar los gritos, porque mi madre estaba gritando, y cuando nos acercamos, mi padre estaba sentado en una silla del salón que estaba en el baño. Mi madre, en todo momento, estuvo mirando hacia la puerta para ver qué ayuda venía, y no vio ni que mi hermana ni que yo entrásemos en el baño, y menos con una silla. Y en un momento, cuando se dio la vuelta, la silla estaba colocada ahí, y fue donde pudo sentar a mi padre. Esto lo hemos hablado muchas veces, mi madre está segura de que allí no entró nadie, yo estoy seguro de que no entré con una silla, y mi hermana lo mismo, de que ella no, no la llevó, porque ni siquiera estaba en la casa. Fue algo que quedó ahí, que no sabemos qué pasó, pero sí que sabemos que si pasó algo, pues fue bueno y fue para ayudar.
Eso me pasó [risas]. Bueno, eh, y si queréis, eh, si quiere alguien pasar, pues mejor. Yo estaré animado a contar alguna historia, ya no personal, sino, pues, también relatos que tengan que ver con todo esto, pero creo que lo interesante es escuchar sus voces, así que yo me he animado a abrir la botella, ahora quien quiera puede pasar [gracias, Fran].
Viviana Menocal
Viviana: Culebras [gesto] así en el solecito estaban así, pero grandotes, más largo que eso, est, como ese palo que está ahí.
Lucía: Uy no, bien grandotas.
Viviana: Así, de esos que, que tan así, tienen manchas [gesto], así de, de, de color: amarillo, negro, gris. Se llama ese, para, en tarasco: tareri,
Adela y Lucía: Tareri
Viviana: Ka tiripara. Tiripara está grande, no está largo, pero está grueso [gesto], si ese te muerde te pueres, ese sí es venenoso.
Lucía: ¿Tiripara?
Viviana: Tiripara
Adela: ¿Y esa de qué color es?
Viviana: Gris, también tiene, este, así, manchas, como peso.
Lucía: Como rueditas.
Viviana: Y tareri también, también tiene manchas, amarillo, es un amarillo, pero así de largo, como ese palo. Aquí yo cada año lo veía, cada… y ese viene, este, enseña… cuando vive los grandes, cada año lo veía yo. Me iba para abajo [gesto], y él allí, corriendo para allá y corriendo para acá [gesto]. Pero no pasaba el año cuando yo, si no iba a ver yo uno de esos tareris. Orita ni pintura no, se murió mi esposo, mi agüelita, mi agüelito, mi hijo… mi papá, todos se jueron mis grandes y yo me quedé solita. Y ahora me voy, ando por allá: “Cuidado, ¿qué andas haciendo allá? Cuidado con la culebra.” Y todos estos muchachos yo, las señoritas que bajan --éstos que viven aquí son mis nietas, en la esquina-- bajan: “¡Ay, lo vi una culebra!”, “¡Ay, estaba una culebra ahí!”, “Pero bien grandote”. Ay, pus yo ya no lo he visto, yo también me bajo pero no lo he visto nada, pero ya desde que murieron todos, ya no, eso son señas que te dan.
Adela: ¿Y de qué?
Viviana: Y hay un pájaro también. El pájaro está todo rojo, [gesto] todo rojo de aquí, todo rojo. Ese también es malo, nomás, pus si anda por aquí, si tú vas a estar aquí y anda por ahí, es que pasa algo, ei, así, ¿uste cree? Yo ya los conozco, sí, así, esa, sa es mi historia.
Lucía: ¿Y qué es lo que avisan las culebras?
Viviana: Que, que se van a morir alguien, que se van a morir alguien, ya de grandes pues ya, mhm. Te van a, te vas a quedar solita pues, así como estoy ya yo orita, se murieron pues todos, como le digo, mi papá, mi aguelita, mi aguelito, todos se murieron ya. Y ya no lo he visto, pues, ya lleva años ya, que ya no los... Ellos se acabaron, ya no lo he visto ya ninguna culebra, pero sí, sí, yo, he, cada año, en tiempo de aguas, cada año lo he visto, pero orita ya no, me abajo, me ando por ahí, lleno de sacate y no. Me dice pues mi hijo: “No, ponga mucho cuidado, andan culebras aquí, muchos culebras.” Y también salían mucho a mis hijos pues, a mis nietos. Pero es que ese es, como este, mi nieto que vive aquí, tiene su suegro ya viejitas pues. ¿No han llegado ahí?
Lucía: ¿Cómo se llama?
Viviana: Que tiene tocadisco, tiene bocina para avisar.
Lucía: Ah, sí.
Viviana: ¿No han llegado ahí? Dos, dos personas están, una viejita y un viejito…
Lucía: ¿Dónde está don Gil?
Viviana: Aeso, eso, ese es papá de mi nieta, de ese te digo, y a ellos son los que salen, y cuando salen, pues es que, como ya están grandes, pus ya de repente, ya no, ya no, ya se mueren.
Lucía: ¿Juanita es su nieta?
Viviana: No, no. Estos que viven aquí, en esta calle [ah, aquí], aquí en la esquina[mhm], Eladio.
Todos: Ah, Eladio.
Viviana: Eladio y Esperanza, es su esposa. [aja] Y sus hijas, las muchachas, señoritas, están dos; y los muchachos: ésos son mis nietos, sí, así es. Por eso es que, pus apenas ya andan ahí pues, también, apenas andan ya. Y ya nomás lo vemos, pues este Juanita, y un muchacho, namás son esos los que viven ahí con ellos ahí, [mhm], mhm. así es, así está pasando. Pos ya ni modo, cuando uno llega… uno está grande, pos, ya no se puede uno ni pa adelante ni pa atrás, hasta lo que dios digas: “Pos hasta aquí nomás.” Se va uno, mhm, así es, así pasa.
del acto comunicativo: La mejor universidad que existe está en la calle
Juan Carlos Smith
VÍCTOR: Sí, ¿y a los cuántos años tuvo su primer instrumento?
JUAN: El primer instrumento me lo regaló mi padre, pus ignoraba él de instrumentos, una guitarra que no servía.
VÍCTOR: ¿No servía?
JUAN: No, así de, de la altura del diapasón al puente, así de altura, o sea, vencida [oh ya, ajá]. Y mi anécdota, que la tengo muy grabada, pus para mí fue lo mejor. No conocía de instrumentos, obviamente, y no sabía ni afinar un instrumento. Todo me guiaba por mi, mi intuición auditiva, y por estar cuerdas ya viejas y de acero, empecé a deslizar mis dedos en esa edad temprana, así, yo solo sin supervisión de nadie, y me sangré mis yemas. Me abrí las yemas, y, pus todos sabemos lo que es un dolor de yemas, ¿no?, una herida, y tardé en sanar como dos meses, porque me, me dolían mis yemas y no podía tocar el instrumento. Comprendí, dije: “No, pus, esta no es la guitarra que, que necesito”. Y, posteriormente, pasó como un año cuando me compraron mi primer instrumento, ya en unas condiciones óptimas. Y yo ya empecé a escuchar y tratar de imitar el sonido. No tenía conocimiento de la nota, y por intuición auditiva, pues empecé a, a copiar, este, el género de Elvis Presley, Chuk Berry, ¿sí? [música] “Go, go, go, Johny, go, go, Johny, go, go, go, Johny, go, go, Johny, go, go, Johny, be good”. Más o menos; rock and roll.
VÍCTOR: ¿Eso fue lo que empezó a tocar cuando ya tuvo su primer instrumento?
JUAN: Sí, y empezaba a incursionar en el blues [música].
When I spell out
you’re under always on my mind
When I spell out, baby
you’re in my dreams every night.
You are not but deepless in my heart
Son [sí] pequeños trozos musicales.
VÍCTOR: ¿Y usted se enseñó solo entonces, escuchando nada más?
JUAN: Sí, posteriormente, ya cuando fui creciendo, a los diez años, fui al, me inscribieron en el Conservatorio de la Ciudad de México. Mi ilusión era haber sido concertista, no se pudo, muy difícil, la carrera de once años y… Pero sí, estuve un par de años en el Conservatorio, de ahí me pasé a la Escuela Libre de Bellas Artes, tampoco no estuve mucho tiempo, y lo demás ya fue por cuenta propia, autodidacta.

