Inicio
Este repositorio tiene el objetivo de concentrar, de manera ordenada y sistemática, los resultados de la documentación en campo de
materiales orales en todas las lenguas habladas en México: no sólo el español y las lenguas que hablan los pueblos indígenas, sino también una serie abundante de
lenguas que se hablan en el mismo territorio como resultado de distintas migraciones. Su propósito es permitir la consulta de esos materiales no sólo a especialistas
de diversas disciplinas, sino también a las distintas comunidades en las que se documentaron.
El archivo de materiales sonoros, videográficos y textuales al que se puede acceder desde esta plataforma electrónica se ha construido colectivamente.
Reúne el trabajo de muchos documentadores que, por diversos motivos, se han encargado en distintos momentos de la historia de registrar las narraciones,
los cantos, los gestos y la memoria hablada de las personas en México. Pero también es una construcción colectiva porque sin todas esas voces y todas esas
personas este material no existiría.
Fragmentos aleatorios de Actos Comunicativos
Amadeo Cárdenas
Berenice Araceli Granados Vázquez
Pero, mientras, la hacienda se inauguró en mil novecientos ocho [mjm]. Tenía el letrero el mo... el obelisco ese [ajá], tenía el letrero, la: mil noveciento ocho. Pero ese letrero se lo borraron los revolucionarios a balazos de un cerro que está ahí que le dicen La Cucaracha [mjm]. Todos borrándole el... probando el pulso, a ver qué tal. Tiene de por el lado, de por el lado de allá, del oriente, digo del poniente, tiene un cañonazo. Tiene un agujero así [mjm]. Ese se lo pegó, este, un artillero que traía Zapata de un cerro que se llama Cerro del Gallo, de allá. Le dijo Zapata:
--A ver que tan bueno eres. A ver, ponle un cañonazo a la chimenea de la hacienda de Chinameca.
En el centro le puso el cañonazo. Un agujero así, donde cabía uno pa sacar la cabeza [risas]. La chimenea tiene, este, escaleras, todo hasta arriba [mjm], tiene como cerca de treinta y ocho, cuarenta metros de altura.
Berenice: Mire.
Amadeo: La chimenea [mjm]. Yo todavía, eh, anduve ahí jugando de chico, en los túneles que tenía. Hay una que está así viendo como alberca, que era ahí las centrífugas donde estaban las, las... onde hervían las mieles y todo eso [mjm]. Y había un túnel que de iba allí, en vez de que se fuera el humo pa acá encima, se iba el humo en un túnel y salía por la chimenea. Trabajó tan poco la hacienda que ni siquiera se humeó mucho la chimenea [mjm]. Matan a Zapata en, el... en mil novecientos diez [mjm], once, el once de abril de mil novecientos diez, la hacienda se inaugura dos años o tres antes [mjm], este, y ahí se acaba todo. A raíz que...
Y que ora:
--Voltean al otro.
Ese estaba rebien, nomás le habían volado aquí el labio. Voltean otro era mujer, el segundo era mujer, que le miden, que le cortan un pedazo y que se lo pegan, dice que se lo pegó. Pero pus era un pedazo del labio, pero era de abajo [ríe Anastasio], que le pegó.
del acto comunicativo: Primera entrevista a Pedro Cerano Pozar
Pedro Cerano Pozar
Adela Rascón Rojas, Ana Georgina Alanís Nuñez, Diego Roberto Vargas Vázquez, Tzitziki Jaimes
Guadalupe Hernández
Abraham Aguilar Gómez
ABRAHAM: Me voy a presentar yo… Buenos días, mi nombre es Abraham, estoy estudiando Literatura y estoy haciendo una recopilación sobre cosas que la gente cuenta: así como de aparecidos y de fantasmas, para una de mis materias de la Universidad. El trabajo final va a ser un, un libro digital donde va a haber todas estas historias, con el nombre de las personas que me los cuenten y demás. Esto va a ser utilizado para mi calificación y no para fines como lucrativos. Entonces, pues, esto va a ser así como nada más para la Universidad. Eh, primero me gustaría que me cuen… que me diga cómo se llama y cuántos años tiene.
GUADALUPE: Yo soy Guadalupe Hernández y tengo cuarenta y cuatro años.
ABRAHAM: ¿A qué se dedica actualmente?
GUADALUPE: Eh, ahorita soy comerciante. Ajá.
Ana Zarina Palafox Méndez
MIRSA: Y, entonces, ¿cómo fue que te acercaste a esto de la música, eh, general, tradicional y en particular al son huasteco?
ANA: Bueno, son huasteco y algunas otras cosas. Este, miren, en 1972 yo tenía siete años, y era, ah, eh,.. Bueno, soy hija única, no sabían mis papás qué hacer conmigo en vacaciones y se encontró mi papá un curso de verano que decía: “Yoga, alta cocina francesa, artes plásticas y folclore latinoamericano”. En este tiempo estaba muy en boga la cuestión del folclore latinoamericano, estaban pus los, problemas, digamos, de dictaduras en Sudamérica. Fueron llegando muchos exiliados, Chile estaba en su momento de ebullición con el gobierno de Allende. Chile y Cuba eran como, como el prototipo a seguir, este, de la izquierda latinoamericana. Y en ese contexto es que entro: había unos lugares que se llamaban “Peñas folclóricas” donde se tocaba música folclórica y música de protesta, se le decía en ese momento. Y entonces, este, pues en toda esa ebullición se encuentra mi papá ese curso de verano, me mandan y se me torció toda la vida con, con las cuatro cosas que enseñaban, ¿no? Y, bueno, de ahí, ya cuando terminó el curso, todavía me seguí un año con los que dieron el curso, que les pedimos, los únicos dos niños que fuimos, les pedimos que, que siguiéramos. Entonces nos daban clases dos veces a la semana en la tarde. Y después de eso, me pasaron con otro maestro del grupo de los folcloristas, con ese me seguí de seis años estudiando, ¿no? Y ya él, él tocaba muchos estilos pero le aprendía mucho el jarocho y el huasteco, de hecho yo estuve viéndolo en una de las peñas, El Mesón de la Guitarra, que tocaba con un trío, con Rolando Hernández y Godelevo, Amador, el Trío Chicontepec, este, él, él iba, iba a tocar con ellos en la peña después de las funciones que hacía con Amalia Hernández6 y ahí vi lo jarocho y lo huasteco, y sí se me abrieron los ojos porque tocaban con un placer que decía yo: “no sé si quiero tocar lo que ellos tocan, no tengo idea si quiero tocar siquiera, pero sí sé que me quiero sentir como ellos”, ¿no? Y entonces, bueno, pus, este, me, me fui clavando en eso.Y para 82 termino el CCH, no me dejaron estudiar lo que quería, que eran matemáticas puras, y entonces les dije: “déjenme quedarme un año”, pus pensando en que, en que sí quiero hacer, total, voy dos años adelantada en la escuela. Entonces, este: “denme chance un año y para no quedarme sin hacer nada pus voy a la libre de música, me meto ahí”. No les dije a mis papás que ya todo el año anterior yo iba a la prepa, nada más tomaba mi clase de matemáticas en la mañana y me iba de pinta, porque ya me prestaban el coche, a la libre de música de oyente, ¿no? Y en la libre de música, para principios de 83, decidimos, unos compañeros y yo, hacer un grupito en plan de botear y sacar, pus, para material de, de la escuela, pasajes, lo que fuera. Y a mí se me ocurrió decirles:
—Oigan, pus no hay que hacer un grupo de andino— como todo el mundo hacía en ese tiempo— ¿Por qué no mejor lo hacemos jarocho?
Yo ya estaba empezando a tocar el arpa, tenía como ocho meses de haber empezado. Aceptaron y ahí me aboque a, como yo iba entendiendo, transcribirles letras —entre comillas porque no son letras, son versos, ¿no? —, a transcribirles las letras, a enseñarles los ciclos rítmico-armónicos que el son lleva, ya sentido que iba viendo que se trataba de eso, que no eran canciones, que algo había de diferente. Y se los fui pasando, y con base en eso ya íbamos haciendo el repertorio. Esa fue la entrada.
Nicte Flores
NICTE: Bueno, hola, yo soy Nicte, Nicte Flores, y soy psicóloga. Durante veinte años trabajé en el Hospital Infantil, este viejito que está aquí enfrente, en el Bosque, que es un he…, hospital, pues, súper viejito ya. De hecho, ah, pues ya está totalmente deshabitado, no, hace ya casi, eh, un año y ocho meses que se mudó a un hospital nuevo.
Bien. Pues, mi horario de trabajo son los fines de semana y trabajo los sábados, domingos, días festivos, ¿no? En un horario un poco inusual para una psicóloga, porque trabajaba de nueve de la mañana a nueve de la noche, pero en un hospital, pues, así son los horarios, ¿no? Entonces, el consultorio en el que yo trabajaba en este hospital se encontraban en el área de gobierno. Había que subir unas escaleras, donde estaba la dirección, todo lo administrativo. Típicamente, cuando había consulta, eh, mm, pues había mucho movimiento fuera de estos consultorios y una, un ruido especial era que la pared era de es, como de tabla roca, una cosa así, y sobre esta pared estaba estas, es…, eh, bancas de metal pegadas a esta pared, de tal manera que si alguien llegaba, golpeaba y hacía bastante ruido, ¿no?, la pared. Entonces, una como psicóloga podía darse cuenta que ya había llegado el pacientito porque llegaban y se aventaban los chicos al, al, a las bancas estas y golpeaban la pared, y ya sabías que llegaba tu paciente, ¿no?
Entonces, un hospital de niños, de niñas, pues mucho alboroto y, bueno, pues en esta ocasión, en ese tiempo yo estudiaba mi maestría en línea. Una vez que terminaba mi jornada laboral, a las nueve de la noche, yo me encerraba en mi consultorio y comenzaba a subir, eh, mis tareas, ¿no?, porque te cierran a las once cuarentaicinco el portal, ¿no? [risas], entonces había que subir todo, todo, todo. Y, pues, estaba yo valorando, dije “bueno, son las nueve, mejor termino aquí la tarea porque si en lo que llego a casa y me pongo y no, ya perdí media hora”. Y decidí ponerme a enviar trabajos.
Eran, yo cálculo, como las casi once de la noche y yo seguía escribiendo y escribiendo, y estás tan absorta en, en tu ensayo o lo que estés subiendo que, pues, no te das cuenta, ¿no?, de, de, de lo que suce afuera. Y yo escuché cómo, justo, en la pared de la, ah, de mi consultorio, cuando, como cuando llegan los chicos a la consulta, al, los, los pasitos: tsu, tsu, tsu, tsu, ¡pum!, se aventaban, ¿no?, a la…, y se golpeaba la pared. La primera vez que lo escuché, realmente no le di importancia, ¡ay! [risa] Hasta que me di cuenta que eran las once de la noche, ¿no?, y estaba en un área donde no podía ver niños en ese momento, porque no era hospitalización. Y la segunda vez, como pude, dije “no, no, no puedo quedarme”, junté mi compu, junté todas mis cosas y salí sin voltear a ver nada ahí, ¿no? Entonces aprendí que no tenía que quedarme tan tarde ahí a trabajar. Y, y sí, sin duda, ahora nos preguntamos todas las manifestaciones de, del, pues, que ocurren, ¿no?, en, en este hospital. Y bueno, cuando salgan, pueden ir y ver este hospital y este edificio del que les hablo, justo acá enfrente. Y va, pues bueno, este ha sido mi, mi relato. No sé si alguien tenga [risa] alguna duda o algo.
VÍCTOR: ¿Se cuenta algo más de este hospital?
NICTE: Sí, por supuesto, eh, pues yo considero que es como un nodo, ¿no?, de, ah, un, pues sí, se ha…, habita tanto, tanto dolor físico, emm, emocional, de todo, un dolor completo de niñas, niños, adultos, que en diferentes espacios del hospital se llegaban a, a manifestar, ¿no?, en, en… Yo durante mucho tiempo trabajé con niños y adolescentes con cáncer, en el primer piso, y teníamos, ah, existía un, un, pues, un, un espacio donde, cuando desafortunadamente alguien caía en, pues, en un, en una, ya en una dificultad, y había que hacer maniobras y todo, pues sabíamos que era el cuartito, ¿no? de. Y pues esto era algo muy sabido, que quienes dormían en los, en las habitaciones frente a este, este, aislado, le llamábamos, podían ver a, a sus, a quienes eran sus compañeros, ¿no?, que habían quizá fallecido horas antes. Y los niños y las niñas te lo relatan, ¿no?, o sea, lo cuentan como “es que vimos a tal y vimos a cual”.
Son condiciones muy complicadas porque son tratamientos en donde las chicas y los chicos tienen una convivencia durante muchos años y se conocen. Entonces ellos y ellas pueden mirarse, saber que “sí entró al cuartito pero salió después, ¿no?, al, al, lo vimos, la vimos”, ¿no? [mjm] Y esos eran los relatos que escuchábamos porque, como psicólogas que sosteníamos o acompañábamos, pues estos eran los relatos, en los dibujos o en los, en los acompañamientos, ¿no? Entonces esto se, se normaliza de una manera muy interesante, es, se naturaliza pues, en, en las narrativas de, de las niñas y de los niños y, pues, también de los adultos, ¿no?, pero, desde una perspectiva muy especial, en las historias de los niños. Y bueno, pues ya. No sé si alguien más quiera preguntar algo, ¿no? [risa] Bueno, pues esa es mi historia, gracias.
BERENICE: A mí sí… ¿Tú como psicóloga, cómo te, o sea, cómo te explicabas estos sonidos, estas presencias, o sea…?
NICTE: Pues yo creo que como psicóloga, no podia explicármelas [ajá], pero como acompañante de personas que, pues, se enfermaban, perdían la vida y, o sea, sí, y un poco después de que experimenté la muerte de mi padre, me di cuenta de que sí había una manera de mantenernos conectados o algo así, ah, no lo sé, pero, no sé explicarme, como psicóloga [ajá], pero como mujer, lo puedo sentir. Y sobre todo acompañando a otras personas en medio del dolor y enfermedad, es muy palpable, es muy real, es muy, muy real.

