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Este repositorio tiene el objetivo de concentrar, de manera ordenada y sistemática, los resultados de la documentación en campo de
materiales orales en todas las lenguas habladas en México: no sólo el español y las lenguas que hablan los pueblos indígenas, sino también una serie abundante de
lenguas que se hablan en el mismo territorio como resultado de distintas migraciones. Su propósito es permitir la consulta de esos materiales no sólo a especialistas
de diversas disciplinas, sino también a las distintas comunidades en las que se documentaron.
El archivo de materiales sonoros, videográficos y textuales al que se puede acceder desde esta plataforma electrónica se ha construido colectivamente.
Reúne el trabajo de muchos documentadores que, por diversos motivos, se han encargado en distintos momentos de la historia de registrar las narraciones,
los cantos, los gestos y la memoria hablada de las personas en México. Pero también es una construcción colectiva porque sin todas esas voces y todas esas
personas este material no existiría.
Fragmentos aleatorios de Actos Comunicativos
BERENICE: A ver, Don Antonio Soriano [mjm] Don Antonio Soriano ¿qué?
ANTONIO: Maldonado.
BERENICE: Maldonado. Ah, por eso me decía que los Maldonado son también de acá [sí], del Valle de Vázquez.
ANTONIO: Sí, hay harto Soriano y Maldonado.
BERENICE: Ajá. ¿Y usted cuántos años tiene, Don Antonio?
ANTONIO: Ya voy a cumplir, ¿qué? Sesenta y...
FELIPA: Nueve.
ANTONIO: Sesenta y nueve.
BERENICE: Sesenta y nueve, ya.
ANTONIO: Nací en 1940.
BERENICE: Ajá. Ya. O sea, los cumple mañana, ¿verdad? [Mañana] Ya mañana los sesenta y nueve.
ANTONIO: Veinticuatro. [Ajá] Pues sí, pues. De lo que a mí se me olvida [ajá], pero si no, tuviera yo harto que contar, pero pues no se me graba. [Ajá] Se me olvida.
del acto comunicativo: "La música siempre, siempre estuvo allí para aliviarme"
César Hernández Elizondo
En alguna ocasión ya, cuando estaba estudiando en la prepa, bueno, en el, en el CCH, este, nos juntábamos así, varios, varios camaradas, ¿no?, y uno de ellos tocaba la guitarra clásica, y fue en, en esa ocasión que estando así, todos así, pues en el cotorreo, eh, alguien le dijo:
--Tócate una, tócate una pieza, wey.
Ya ese wey sacó su guitarra y se empezó a echar un valcesito así, bien…, pus que era música que yo la verdad desconocía. Este, y dije “No, pus yo quiero tocar así, a mí me latería tocar así”. Ya, hice varios intentos por, por estudiar, pus no, en ese momento no se da, no se dio porque pues, pues yo venía de otro, de otro estilo, ¿no?, de otro género [sí], y ora sí que la música clásica fue así como una revelación. Ya antes había tenido una especie de acercamiento con un profe en la secundaria, y ahí sí ya llevábamos la materia de música, como tal, y ese profe era guitarrista clásico, profesional, él había, era del conservatorio, y era bueno también. Este, un día, pus yo me llevaba mi guitarra, ¿no?, así, pus para, pus para cotorrear, ¿no?, echar la rola, y, y él me vio tocar una vez, y me dice:
--¿Quién le enseñó a tocar guitarra?
Y le digo:
--No, pus, pus no, casi casi me lo enseñé yo.
¿No? Y ya, este, como que, ya el me empezó como asesorar, ¿no? O sea, él, no era su, como que su fuerte dar clases de guitarra allí, él enseñaba flauta y te enseñaba a leer música y, y ya. Y de ahí, y en, y él, este, me llevó a un, como que, se puede decir, a mi primer concurso, ¿no?, de música. Fuimos así, fue un concurso que se hace de, de puras secundarias, ¿no? Ya montamos una pieza, ahí más o menos presentable, él, él me asesoró, él me dijo cómo tocar, porque yo no leía, yo no tocaba, na más movía los dedos y ya. Y ya con su, con su asesoría, pues fuimos a concursar y me llevé el tercer lugar [risas]. Este, pus así, ¿no?, sin… Y ya, y el día del concurso, la, la banda, o sea, los chavillos que estaban tocando, no, estaban bien pesados, ¿no?, tocando ya en el…, porque era de varios, era de varios instrumentos, no nada más era de guitarra, había banda tocando el piano, había banda tocando el violín, pero chavillos que sí venían estudiados del conservatorio, o sea, que a la par de que estaban cursando la secundaria, estaban estudiando música, ya de manera formal, ¿no? Y pus dije “bueno, pus un tercer lugar pus no está mal”.
Elías Rodríguez Barajas
Daniel Estrada Hernández
Ha crecido mucho, aquí a, aquí era campo, aquí era parte de las parcelas, parte de huertos, ya no hay huertos pues ponían a armarse uno de planta de chile [mjm]. Aquí sacaban agua cerquitas a un metro [si], y entonces había mucha agua y con esa agua regaban los, la plantita, plantita aquella chiquita hasta esta altura la trasplantaban [ok]. La sembraban al máximo la mata de chile en unos cajoncitos [mjm] de cuarenta por cuarenta, algo así y después lo trasplantaron al surco [mjm] y en el surco ya se, se iba la plantilla y ya [ya crecía] ya crecía, ya llegaba su producto. Pero eso fue hace tiempo. Eh, después se empezó a construir aquí, a repartir los terrenitos, los lotes [mjm] y dejaron de plantar. Se fueron más allá, más a las orillas, pero últimamente los personas que se dedicaron a ese trabajo pues ya fallecieron, ya faltaron y ya no lo hacen [se perdieron], pero en ese tiempo lo hacían mucho [mmm]. Le ponían planta a Queréndaro, a Álvaro. Se dedicaban a eso [si], sí.
del acto comunicativo: Entrevista a la Tuna Independiente Miguel de Cervantes Saavedra
Manuel Bautista Medina
MANUEL BAUTISTA: hay... bueno, hay muchas histo, o sea yo aquí me podría pasar horas y
horas contanto, ¿no? hay en veces que, que ahí en la radio, o sea, a, me, e ¿cómo se llama?
me, pues en la radio me acuerdo de muchas cosas, igual aquí también, pero siempre me han
dicho: "o sea, ¿tú de dónde sacas de, o sea, esa facilidad de, de contar todas esas cosas?" que
son pues, este, bueno, no, no, bueno, al menos yo o nosotros lo manejamos como mitos de
origen, esos mitos de origen pus, este, están manejados simplemente desde la raíz, y como les
digo de la, desde el principio e, son este para formar a la persona. A lo mejor, este, ustedes o
allá en la ciudad, este, lo, los han formado de diferente manera. E, e, e, esos mitos de origen
nosotros, este, para nuestros hijos y todos nos, nuestros descendientes, nunca dejan de
aprender, ni mucho menos los adultos, siempre aprenden muchas cosas sobre eso. Por eso,
este, les digo, son cosas pues así fantasiosas o cosas que ellos:
--No, ¿apoco sí existirá?
Pero esos son los mitos de origen pues que tenemos nosotros, ajá.
BERENICE GRANADOS: está muy bien.
MANUEL BAUTISTA: ajá.
BERENICE GRANADOS: oye, Manuel, ahorita tú, si quieren, pues muchas gracias por la
entrevista [Manuel: mjm] entonces, este, le cortamos. Te queríamos preguntar algo y
proponer algo...
SANTIAGO CORTÉS: Santa Fe de la Laguna, 28 de octubre de 2017, sábado.
Pues de otras personas que también nos, no en... en platicando, también nos decían que, este, pues es increíble que una persona que apenas podía caminar porque sufrió..., esa persona se llamaba, cuando en vida se llamaba, este, Lorenzo Neria y él era muy verídico con sus relatos porque eran tan tan minucioso lo que te contaba que hasta parece que lo estabas viviendo. Él decía 'no, no, cuñada. Fíjate que a mí me llevó la... me llevó la llorona, pero yo por enamorado'. Y ¿cómo se explica?, ¿cómo se explica uno que esa persona apenas podía caminar?, porque tenía una pierna, este..., dañada a causa de un... de un accidente que tuvo en una cuetería porque sus papás fabricaban cuetes, eh, se dedicaban a la... a la pirotecnia y entonces ahí fue donde sufrió el un... el accidente y quedó lis... prácticamente medio lisiado de una pierna. Entonces, dice, se fue siguiendo a la llorona, se fue siguiendo a la muchacha bonita, dice, 'y ay voy atrás de ella y, cuñada, y cuando me di cuenta ya estaba yo hasta las afueras de Ameca', ahí por unos lugares que le dicen, Tomacoco. '¿Y ora qué hago io hasta acá?'. ¿Cómo le hizo para caminar hasta allá?, porque fue lo sobrenatural. 'Cuando yo..., suelta el chillido, este..., la muchacha, me así como si me hubieran dado un golpe, en mi cabeza y que me veo, ¿y ora qué hago hasta acá?'. Y... ya con muchas palabras altisonantes, ni este señor Lorenzo que empieza a decir de groserías y ya se desapareció la muchacha y ya él como pudo se regresó a Amecameca otra vez. Lo perdió, lo quería perder la llorona.

