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Este repositorio tiene el objetivo de concentrar, de manera ordenada y sistemática, los resultados de la documentación en campo de
materiales orales en todas las lenguas habladas en México: no sólo el español y las lenguas que hablan los pueblos indígenas, sino también una serie abundante de
lenguas que se hablan en el mismo territorio como resultado de distintas migraciones. Su propósito es permitir la consulta de esos materiales no sólo a especialistas
de diversas disciplinas, sino también a las distintas comunidades en las que se documentaron.
El archivo de materiales sonoros, videográficos y textuales al que se puede acceder desde esta plataforma electrónica se ha construido colectivamente.
Reúne el trabajo de muchos documentadores que, por diversos motivos, se han encargado en distintos momentos de la historia de registrar las narraciones,
los cantos, los gestos y la memoria hablada de las personas en México. Pero también es una construcción colectiva porque sin todas esas voces y todas esas
personas este material no existiría.
Fragmentos aleatorios de Actos Comunicativos
Paulina Nicolás Vargas
PAULINA: Más, más antes, lo lleva..., eran tres, e..., son tres niños.
BERENICE: ¿Por qué son tres niños?
PAULINA: Porque uno es Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo [claro], ajá, así son tres [mjm]. Que uno, el niño chiquito lo quieren mucho [ajá], ese sí lo llevan. A la Salvador, lo llevan; al otro, ¿cómo es que se llama el otro? Ellos tienen nombre [mjm], este, se dejan ya o los llevan ya todos, pa que no se queda uno [mjm], ahí llega ya, en una casa, dos [mjm], mjm. Porque más antes sí lo llevaban, y tres coloquias andaban [ajá], ajá, y bonitos se ponía el, el baile pues, ya ahí, en la Noche Buena y de la, y del día pues, de la Navidad [mjm].
del acto comunicativo: Entrevista a Guadalupe Trigueros Sanchez
Guadalupe Trigueros Sanchez
Lucía Yunuen Hernández Cázares
Guadalupe: Entonces, este, mmm, se suscitaron varios eventos así [mjm], para clientes [ah], no para nosotros, para clientes. Eh, recuerdo una, un día que fueron tres muchachos de Soriana que todos los días iban a comer. [Suspiro]. Eran de esos chavos, pues, m…., malcriados para hablar. Entonces [mjm], entraron al baño, como sólo había un baño. Entran primero a lavarse las manos, uno y, pues, en turno, pues, van [mjm]. Cuando le toca al tercero, sale, pero con una cara de espanto, horrible [mmm]. Igual con el cabello levantado como al del señor del taxi. Así, mira, los pelos así. Los cabellos parece que se los habían erizado [mjm]. Y entonces le dice a uno:
–Oye, tal por cual, ¿por qué le abriste a la puerta al, al baño?
–[Chasquido]. Cálmate, pues si yo no he entrado [mjm], pregúntale a la señora.
–[Chasquido]. Tú, tú, fuiste tú –le dice al otro–.
–No, pues yo tampoco, pues si yo aquí estoy sentado.
Me dice:
–Señora, ¿no se levantaron ellos orita?
Le dije:
–No, hijo, ninguno se levantó, tú fuiste el último entrar al baño.
–¿Y usted no se acercó al baño?
Le dije:
–¿Cómo me iba a acercar al baño si tú, si tú estabas ahí?
–Júremelos por su madrecita.
–Ay, no –le dije–, ¿mi madrecita qué tiene que ver en esto? [Risa]. Cálmate, no [risa] –le digo [ajá]–, claro que no.
–¿No?
–No había. Nadien entró.
–Hijo de la chintola. Ya no quiero comer, ya me voy.
–¿Por qué? [Mjm].
–No, señora –dijo–, aquí asustan.
–Pues, ¿qué pasó?, ¿qué viste?
–Señora, yo estaba haciendo esto así en las manos. Cuando me, me así, enjabonándome cuando me agarraron los hombros y cuando yo volteé ahí, [ajá], al, [al espejo] al espejo.
Porque había un espejo. Mmm. No vayas a pensar que aquí asustan, ¿eh?, son las tostadas que, que truenan [risa], quezque truenan después de que las hacemos, ¿no? [ajá]. No sé cómo se le llama a ese fenómeno. Este, dice:
–Me agarraron de los hombros con mucha fuerza. Entonces yo levanté mi mirada –dijo–, y atrás de mí estaba la cara de un hombre muy feo. Pero bien feo, señora. Feo.
Y le digo:
–¿Y, y qué?
–Es que me quedé paralizado. No pude ni gritar, no pude, nada. Y no sé cuánto fue.
Le digo:
–No, pues, es que no duraste casi nada. O sea, vas entrando, y te lavaste las manos y saliste.
–Señora, para mí fue una eternidad.
Lucía Yunuen: O sea, ¿y el señor ese se quedó ahí como viéndolo?, por así decirlo.
Guadalupe: Ajá, y lo tomó de los hombros.
Lucía Yunuen: ¿Y era el mismo, el de la camisa blanca?
Guadalupe: [Mm]. No, porque él dijo que era un hombre muy feo y yo te pudiera decir que el que yo veía era un hombre guapo incluso, bien presentado [mmm], bien parecido.
Lucía Yunuen: O sea, que era otra cosa.
Guadalupe: Era otra cosa. Yo no sé si esta persona se convertía en otra cosa [mjm] o, o qué, porque pues sí se me hizo a mí muy desconcertante que él dijo, “es que me agarró con mucha fuerza de los hombros. Y en el espejo yo vi una cosa horrible”. Pero sí dijo que era masculino, no femenino [mjm]. Entonces me vino a la mente cuando le sacan así como el mantel al taxista [ajá], [ríe]. No inventes, o sea [a lo mejor era el mismo]. [Chasquido] Quizá se convierte, pues, en malo, cuando, con alguien que es malo, o no lo sé. [Ajá], ¿no?
Esteban Soriano Maldonado
BERENICE: Sí, sí.
ESTEBAN: Sí, ¿verdad?
BERENICE: Sí, platíquenos. [Sí] ¿Cómo vivía acá?
ESTEBAN: Ajá. Antes [ajá] no había luz, no había agua potable. Era este… Nosotros no vivíamos aquí, vivíamos para allá arriba. Allá mis abuelitas hicieron un pozo, una barranca, pero quedaba tan bonita.
BERENICE: ¿Cómo se llama allá?
ESTEBAN: Bien bonita. Allá, este, es el mismo pueblo. [ajá] Nomás que el señor Juan de Aguas le decía el Coyugo. [Coyugo] Ajá, le decía:
– Venga, trae agua del Coyugo, esa, para tomar.
[Ajá] Bien fría. Y donde estaba era, este, era como un cuadrito de la barranca. [ajá] Y había hartos árboles, bien sombrosos, verdes. Y había agua. [mjm] Y la agua fría, fría. Ajá, vaya, bien bonito. [Ajá] Yo estaba yo, como en la gloria, decía yo. [risas] Y así, así, este, vivíamos. Digo, ahora, ahora ya vive uno, pues, siente uno más bien porque hay luz, hay agua potable, y ya todo, pero todo puro contraste. [Sí] Puro contraste. Y antes no, antes teníamos agua, lo que pasa es que la mandábamos traer.
Y, este, yo, yo así me crié. Este, tenía yo mis abuelitos, que tenían muchos, muchos años. Y yo desde chiquito casi me crié con ellos, porque ellos, este, nos llevaron para allá, de ese cerro para allá. Estaba el rancho ahí. [risa] [ajá] ¿Quieren grabar eso? ¿no?
BERENICE: Sí, ya lo están grabando.
ESTEBAN: ¿Ah, sí? [risa] [ajá] Ahora. Y, este, me iba yo con ellos desde, entrando las aguas, sembrábamos con la yuca, con el maíz, frijol. Y ya después, en agosto, nos íbamos para el rancho. Y ya me andaba por irme porque me re gustaba. Ya cuando llegábamos, este, ya había encerrado mi abuelito o mis tíos, el ganado. Me gustaba que íbamos llegando y estaba en lo altito. Y subiendo así, el rancho estaba arriba. [mjm] Y ya yo oía la gritería de los cerros, ¿sí? [risas] Ya me andaba por llegar. Ajá, y así, así estaba. Por eso yo, pues a la escuela casi no fui. No fui, nomás fui, pues nomás llegué al segundo año, pues. [mjm] Segundo año. Porque ya cuando le comencé a ayudar a mi papá, se andaba así. Y este, y ya, acabando de arreglar la milpa, nos íbamos para arriba. Y ya de allá nos veníamos a zacatear [ajá] y a trabajar, pues. Ya la escuela, no, hasta después ya iba yo otros días a la escuela. Y casi no aprendí, nomás que después venían unos maestros que se quedaban y me gustaba ir a la nocturna. Entonces, yo me andaba todo y así aprendía algo, aprendía algo. Y este, me gustaba ya cuando quería yo aprender, pues por eso iba yo a la nocturna, porque ya no fui a la escuela. [mjm] Y digo, pues aprendí algo, porque, este, después, este, estudié libros de medicina. Fui médico, de aquí de este pueblo y de todos los ranchos de aquí. Era yo, no había quién inyectara, ni quién. Y yo comencé a trabajar la medicina. [mjm] Me compré un libro de homeopatía. Y este, puse ahí, este, un cuartito como consultorio. Y ya después me venían a visitar los señores. Primero había, primero había seguido gobierno aquí. Ahí venía, en ese destacamento venía un sargento que se había inyectado. Y iban a venir a visitarnos. Y me dicen:
– Ya está aquí y eres un médico, pues, –dice– pero enséñate a inyectar porque –dice– con la medicina de homeopatía no, no, no es igual.
Como era para un piquete de alacrán. No, no es igual. Dice:
– ¿Cuándo? –dice– No, y con una inyección, sí. Rápido.
Y sí, pues. Ya me empecé a enseñar a inyectar. Y ya después ya inyectaba yo. Y bueno, ya fui como médico, pues, auxiliar, ¿verdad? [ajá] Porque no estudié. [ajá] Y era como una cosa que iba yo estudiando y practicando. [mjm] Y todo el rancho estaba bien, pues. Todos los alrededores. Seguido me venían a traer, que:
– Ándale que un enfermo. Por favor, vamos.
– Ahí voy.
En macho que tenía yo. [mjm] Salí yo para Quilamula, a Chimalacatlán, [mjm] hasta Ajuchitlán iba yo. Está bien lejos, allá, de Huautla para allá. ¿No saben a Huautla?
BERENICE: Sí, ya fuimos.
ESTEBAN: Ah, ahora de ahí para allá, hasta Ajuchitlán. Y entonces, este, dos veces fui en bicicleta. Entonces nada más estaba la carretera aquella, allá. Por allá y aquí, derecho. Y este… En bicicleta iba yo. Y sí, y yo ahora digo… Me pongo a pensar, digo, ¿cómo? Dios me dio valor, pues, porque sin estudiar. Y luego… [ininteligible].
BERENICE: Oiga, don Esteban. ¿Nunca lo espantaron en los caminos?
ESTEBAN: ¿Mande?
BERENICE: ¿Nunca lo espantaron en los caminos?
ESTEBAN: No, nunca. No, pero antes vivía más tranquilo. [ajá] Más tranquilo. Entonces… Y como todo eso me conozco. Y en Chimalacatlán todos me conocen. Me encontraban y así pues, pero ahora ya está delicado. [ajá] Está muy peligrosísimo. Ya. Ya. Como ahora, pues quién sabe por qué sea. Digo… Este, hay unos que les gusta fumar marihuana. Y son los que andan descomponiendo, pues. Ya. [mjm] Sí. Y este… Y sí, así, así estábamos, pues. Esa vida que teníamos. Yo siento que era más, más tranquilo, pues [mjm] que ahora. Ahora ya es puro dinero, si no tienes dinero, no, no hay nada, vaya. Antes todo era bien barato. Ajá, este, no había luz de esta, se alumbraban con candiles. [mjm] Unos candilitos con mecha, de petróleo. [mjm] Ya a ver, que los que vendían cosas así en la noche tenían su candilote con dos mechas. Ahí tenían una alumbradota, pa alumbrarse. [mjm] [risa] Vaya.
Y este… Y sí. Hasta entonces ya, ya ahora, me pasó esto y ya no puedo hacer nada. Ya no…
del acto comunicativo: Entrevista a Juan Manuel Mendoza Arroyo
Juan Manuel Mendoza Arroyo
Diega López Rivas
Berenice Araceli Granados Vázquez
Berenice: ¿Tiene más historias de Agustín Lorenzo?
Diega: Pues aquí este, es una de las leyendas principales que se han conocido, que, de que fue un bandido que escondió mucho dinero [mjm]. Este, y que a él no le parecía que estaban sacando el dinero de aquí del estado Morelos, según platicaba la gente. Y que él es el que se enojaba y le decía, este, a, este, al gobierno que ya no siguiera saqueando el dinero. Pero que, pues el gobierno era mucho y él era nada más un hombre. Nada más que como se creía que estaba empautado con el demonio, pues hacía... se aparecía en un lado y se aparecía en otro.
Después, este, oí una leyenda una vez, o fue un cuento o no sé, que dicen, que la última que se vio a Agustín Lorenzo fue cuando desapareció. Pero dicen que hay un lugar que se llama La Taza, que se llama Tecoloapan, que quiere decir en náhuatl “donde nace el agua”. Es un lugar muy bonito, pero hay muchos árboles frondosos, que antes daba la impresión, al que iba así con dos, o tres, o cuatro, daba miedo. Una agua muy fría que está naciendo ahí. Ahora es un balneario muy precioso que pertenece a un petrolero. Ahora ya es privado. Y antes era del pueblo. Era ahí, se iban a bañar a La Taza, pero con precaución porque dicen que espantaban.
Pero sucedió que dicen que ahí terminó la leyenda de Agustín Lorenzo. Que tenía una querida en este pueblo, y que el gobierno le decían que pues querían terminar con él, porque pues ya no hallaban qué hacer, porque como decían que estaba empautado pues les quitaba lo que llevaban los cargamentos. Dondequiera que les salía, les quitaba. Que lo enterró, que en cuevas, en donde pudo él. Entonces, sucedió que ella se puso de acuerdo con el gobierno. Y le dijo que, que este, cuando le estuviera lavando la cabeza, que se iba a ir a bañar a La Taza, y que cuando le estuviera enjabonando la cabellera, que entonces cayeran y lo agarraran, que porque ella misma le iba a poner una trampa, de echarle la cabellera a la cara con jabón para que no viera.
Pero ya los, este, soldados se habían escondido en los arbustos, que eran muy, este, ya muy antiguos esos arbustos, eran muy gruesos. Y, entonces, dicen que llegó ella con él y se puso a bañarse, pero ella tenía la costumbre de bañarlo. Cuando le estaba lavando el pelo, así como quedó, salieron los soldados de donde estaban escondidos y la sorpresa de ellos fue, que, este, se los llevó. Dicen que hizo un remolino y se llevó a la mujer y se llevó a los soldados, pero no a todos, que porque los que quedaron que todavía estaban lejos, que vieron, que se fueron espantados, y que ahí terminó la leyenda de Agustín Lorenzo. Platicaban en este pueblo.
No sé, sea verídico o alguien haigan inventado, pero el caso es que así se sabía aquí. Que ahí fue cuando desapareció Agustín Lorenzo, que por donde quiera lo ven. Porque sí lo ven todavía.
Jesús Alberto Cruz Ramírez
LAURA: ¿Y como músico haz tenido algún momento duro donde, no sé, ya no hayas querido tocar o, o no sé, un momento duro donde la música te haya ayudado a pasar?
JESÚS: Pues todo, todos los momentos, ¿no?, o sea, es como, es que es un estilo de vida, no sé si, o sea, no solo es un trabajo, ¿no? No es como que yo decidí hacer música porque ahí está la chamba o porque ahí está la fama o porque ahí está el dinero, ¿no?, sino es como lo que me gusta, lo que mejor me sale, ¿no?, hasta cierto punto. Y, en general, ha habido varios momentos, ¿no? En este punto de nuestras vidas hay como, como, pues cierta balance, ¿no?, como cierta estabilidad, ¿no? Como que vivimos de esto, como que sale, como que todo bien, pero hubo momentos en donde no, ¿no?, o sea, como al principio, cuando todavía no sonaba tan bien como ahora, como cuando era algo que estaba ahí queriendo ser, pues no era tan redituable, ¿no? No era como tan fácil venir y tocar en un lugar y que se llene y que te paguen, ¿no?, o sea, al final hay momentos duros, ¿no? [10:58] Y la música siempre fue para mí como, en ese sentido, o sea, yo tuve como un acercamiento con la música como a los dieciocho, en la prepa, y yo venía como de jugar futbol, yo como que toda mi infancia, adolescencia, jugué fútbol, y de ahí me encontré un trabajo de eso, ¿no? Como, di once años clases en una, en una primaria, y empecé siendo el entrenador de fútbol. Es como, en ese sentido, siempre estuve como en eso, ¿no?, como que nunca tuve esta onda de: “¿Qué voy a hacer? ¿Y ahora qué tal?”, sino que me encontré un trabajo bueno, desde chico, y como que lo fui haciendo y como que lo seguí y tal, y como cuando eso se acabó, empezó la música y decidí hacerlo, pero tenía lo otro, y en general, como que fue paulatino y avanzando, ¿no? O sea, yo podría decir que he tenido dos trabajos en mi vida y ha sido dar clases y hacer música, ¿no? Entonces, bueno, he cocinado eventualmente, entonces, como que para mí esta onda de la música viene como, como por default, o sea, no hubo un momento donde yo dijera: “Ya no puedo con esto, tengo que dejar de estudiar o, o tengo que dejar mi trabajo para...”, sino solo fue como: “¿La música?, pus va, vamos a darle a la música a ver que pasa”, ¿no? Entonces eso, ¿no?

